Viajando a través del Café

Me encanta el café pero con leche, no soy de esos bebedores que son capaces de apreciar matices en aromas y sabores. Soy de los de tazas o vasos enormes con la suficiente cantidad de café para que se note y también me gusta el café solo con hielo.

Hay café con hielo y CAFÉ con hielo, en Grecia son espectaculares. Café intenso con hielo y batido con una espuma suave y amarga, no he encontrado otro sitio en el que lo hagan con ese arte y estilo.

Qué duro se nos está haciendo este #viaje por #Grecia. #café #cafe #foodporn

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Los enormes café norteamericanos, hay gente que los detesta pero a mi me encantan. Pasear durante horas un vaso de café con leche de tamaño industrial es algo que disfruto. Normalmente no suele gustar porque suelen tomar un café muy suave que consideran aguado.

No puedo con los ristrettos italianos, debe ser porque no aprecio los matices. Prefiero los capuccinos matutinos, porque los capuccinos sólo se deben tomar por la mañana. Los capuccinos deben tener la cantidad justa de café con la leche caliente, un dedo de espuma y un poco de cacao en polvo.

Me he acostumbrado a tomar café latte cuando voy a países en los que no tienen gran costumbre de tomarlo. Un vaso grande de leche con un café espresso que puedes pedir y en casi cualquier parte del mundo lo hacen igual.

Qué sorpresa me llevé en Croacia, toman café de mil maneras y a cualquier hora del día. En lugar de tomar cervezas o copas toman café en los bares cuando salen. Me resultó curioso y muy apetecible. Poder tomarme un café en cualquier momento, antes de comer, después, durante o a última hora del día me hizo que me gustara un poco más ese país.

Es un vicio caro, aunque no lo creáis puede costar hasta 9 ó 10 euros. He pagado 7 euros por un café olé en la plaza de la Bastilla en París, 9 por un latte en Bergen, 1 euro por un ristretto en Roma en la barra de un bar, 5 euros por un sombra doble en el Grand Hotel Miramar en Málaga o 9 euros por un bombón y un café con leche en Roppongi Hills en Japón. Pues cada uno de ellos merecieron la pena porque los recuerdo perfectamente.

Odio el café apretado, eso de hacer el café con más cantidad para que esté más fuerte no lo entiendo. Gastas el doble o triple pero no mejora el sabor y encima a los que les gusta nos dicen a los demás que no sabemos tomar café. Puede que no sepa, lo que tengo claro es que no me gusta el tuyo.

¿Adivináis cuál es uno de mis lugares favoritos para trabajar? Pues sí, una cafetería de una famosa marca americana donde tienen enchufes y ponen unos cafés lattes en los que puedes elegir los tamaños. Allí puedo pasar una mañana o tarde con mi portátil y mis auriculares tranquilamente mientras escribo o programo. Nadie me molesta ni me pregunta pero tengo la compañía que necesito en ese momento…. Un café con leche.

Nos gustan los comentarios. :)

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