Tromso, el París del Norte.

Hoy nos hemos permitido dormir un poco más porque no llegamos a Tromso hasta las 14 30.  El día ha transcurrido muy tranquilo entre el desayuno y la comida.  Aprovechamos para seguir leyendo tranquilamente en la zona que se denomina Panorama antes de salir a Tromso.  Es una terraza cubierta con cristales donde puedes ver como el barco navega mientras tomas algo.

Tromso ha sido denominada por los noruegos como el París del Norte. Esto se debe a que se trata de una ciudad universitaria, de hecho es la universidad más al norte de Europa, y eso ha potenciado que esté llena de jóvenes con ganas de salir y pasar el rato con amigos.

Animada calle de Tromso

La calle principal está «llena» de cafés, bares y tiendas.   Es cierto que hay mucho más ambiente que en el resto de las localidades donde hemos desembarcado, pero tampoco creemos que sea para ponerse a la altura de la capital de Francia.

Se pueden visitar dos museos en Tromso:  Polaria o el Polar Museet (conocido como el de Roald Amundsen o el museo polar).  Teníamos que elegir cuál de los dos queríamos ver, porque el otro seguro que estaba cerrado cuando termináramos la visita del primero.

Así que nada más salir del barco fuimos a Polaria.

El edificio es muy curioso porque parecen fichas de domino caídas unas sobre otras.

Polaria en Tromso

El coste de la entrada es de 120 coronas noruegas por persona. Dentro hemos visto cuatro focas nadando en su piscina (que estaban llenando), eran dos parejas de diferentes especies, una de ella con bigote sólo visible en el Mar Ártico.

Focas en Polaria en Tromso

 

foca bigotuda ártica

También hemos disfrutado del momento de su comida en el que te explican las diferencias entre ellas y sus gustos culinarios. Siguiendo el recorrido te encuentras con una sala de cine en la que proyectan un par de películas, una sobre la aurora boreal (explican porqué se producen y se ven)  y otra de la isla Svalbard, al norte de Noruega donde prácticamente no hay presencia humana.

Cangrejo Rey en el Ártico

 

Otro cangrejo Rey

Un pez raro, raro

Estrella de mar

Tienen una exposición de peceras con diferentes peces, estrellas de mar y cangrejos rey de un tamaño descomunal.  El museo en general es pequeño, pero nos ha gustado porque está muy bien aprovechado.

Justo al lado se puede visitar un antiguo barco de caza de focas: MS Polstjerna.

MS Polstjerna - barco de caza de focas

Por supuesto que estaba cerrado, como lo tienen metido en una especie de urna de cristal lo vimos desde fuera sin más problemas.

Pasamos delante de una iglesia de la ciudad y entramos para echar un vistazo.

Iglesia en Tromso

Al igual que la  que visitamos en Trondheim, también tiene una parte donde poder dar cobijo y algo caliente a las personas sin techo o a cualquiera que lo necesite.

Allí vimos la primera bicicleta de ruedas gordas o Fatbike que ahora parecen que están haciéndose famosas.

Fatbike en Noruega

Hemos ido al otro museo (Polar Museet) pero, como suponíamos, ya estaba cerrado.

De todos modos habíamos leído que no tenía nada especialmente interesante y además vimos por fuera que era bastante pequeño.

Arpones para cazar ballenas en el polar Musset

 

Roald Amundsen

En el exterior tenían una estatua del famoso explorador noruego Roald Amundsen y diferentes arpones para la caza de ballenas y pudimos verlos sin ningún problema.

Después volvimos paseando por una calle comercial muy bonita con todas las casas de madera.

Calle comercial de Tromso

Aprovechamos para entrar en un pequeño centro comercial a comprar galletas y compramos unas minizanahorias que nos llamaron la atención y que se suelen comer como tentempié.

Cerveza que se fabrica en Tromso

Confirmamos una vez más que la vida en Noruega es cara hasta en los supermercados: 3 euros la cerveza fabricada en la propia ciudad.

Ya sólo nos quedaba volver al barco y esperar tomándonos un té hasta la hora de cenar. La cena estuvo bastante bien. Nos pusieron de primero una crema de zanahoria y de segundo un pescado que creíamos que era como salmón típico de aquí (después nos enteramos que era trucha ártica). Todo estaba delicioso y las patatas que lo acompañaban también estaban exquisitas.

Trucha ártica

El postre, sin embargo, a mí no me gusta nada porque eran unas frutitas color naranja que mantenían su huesecillos con una crema cubriéndolas. A Ismael sí le gusto, así que se comió los dos.

Por la noche empezó muy temprano el vaivén del barco porque entramos a mar abierto antes de lo previsto y yo a las 22:30 ya me acosté directamente porque tenía miedo a marearme.

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